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Hitos de la Historia del Vino: Romanticismo portuario

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Capítulo 20: Durante siglos, Francia ha sido el país vinícola más importante del mundo. ¿Por tener los mejores suelos? ¡No! Porque está rodeada y surcada de agua por todas partes.

El vino –como el dinero, la electricidad o el agua– solo es energía cuando fluye. Es decir, sin ventas no hay grandes vinos. El zumo de la vid se convierte en un gran vino cuando circula y genera plusvalía. Y esto, naturalmente, ya lo sabían los romanos, que transportaban el vino en barcos cisterna de más de 30 hectolitros de capacidad. Los galos (o mejor, galo-romanos) tampoco se quedaron rezagados e iniciaron la producción de vino. Se convirtieron en maestros en su oficio y en la distribución gracias al buen funcionamiento de puertos marítimos como Cetius (Sête) o Massilia (Marsella), originariamente construidos por los griegos.

El hecho de que la Galia se convirtiera en un Eldorado para los comerciantes de vinos y fuera durante siglos el país exportador de vino más importante del mundo tiene una razón acuática: Francia posee una densa red de ríos navegables por los que deslizarse confortablemente hasta el siguiente puerto marítimo y viceversa. La mayoría de los departamentos franceses llevan en su denominación el nombre del río que los atraviesa: Loira y Ródano acompañan a varias decenas de denominaciones de origen de vinos. La Champagne se beneficia del Marne, el Beaujolais del Saône y Aquitania, la Tierra del Agua, de los ríos Garona, Dordoña, Isle, Lot, Tarn, Aveyron, Adour, Gers y otros. Únicamente la Côte d’Or borgoñona es una excepción (aunque desde 1832 el Canal de Borgoña une Dijon con el Atlántico por el Yonne y el Sena, y con el Mediterráneo por el Saône y el Ródano).

Si bien el comercio marítimo en la Antigüedad se ceñía fundamentalmente al Mediterráneo, en la Edad Media empezó a extenderse por el Atlántico. Burdeos se convirtió en el primer gran puerto del mundo para el comercio de vino. Al principio, sus vinos llegaban casi exclusivamente a Inglaterra (durante 300 años, Burdeos navegó bajo bandera inglesa) y más tarde hasta los puertos hanseáticos, los países bálticos, Escandinavia, la India y el Nuevo Mundo. Nantes garantizaba la venta de vinos del Loira, La Rochelle embarcaba el coñac, y Sête y Marsella se mantuvieron como bases (relativamente modestas) para el comercio en el Mediterráneo. Los vinos del sur volverían a experimentar un auge con la puesta en marcha del Canal du Midi en 1681, que enlaza Sête con Burdeos.

Si los vinos florentinos, como durante mucho tiempo se denominaron los actuales Chianti y supertoscanos, eran menos conocidos que los de Burdeos, y si La Rioja no empezó a ser importante como exportadora hasta que la crisis de la filoxera hiciera escasear el vino francés, sencillamente era porque el puerto más cercano no se encontraba a la vuelta de la esquina. En realidad, no llegaron a exportar verdaderamente hasta la aparición del ferrocarril. En su lugar, del puerto de Valencia salían inmensas cantidades de vinos peleones a granel de La Mancha, Utiel-Requena y Jumilla, determinando –o destruyendo– durante generaciones la fama del vino español. Los vinos alemanes, en la exportación, prácticamente se identificaban con los vinos del Rin, ya que este gran río es una excelente ruta comercial. Los vinos de Chipre se conocían desde la Edad Media, y ya entonces eran caros y codiciados. E incluso los abstemios conocen los vinos de Málaga, Madeira, Jerez y Oporto, o al menos han oído hablar de ellos. Oporto es un ejemplo especialmente claro de la importancia de tener un puerto: en el propio Oporto no crece la vid. Las mejoras zonas vinícolas se hallan en el Alto Douro, a decenas de kilómetros de Oporto. Los vinos base se transportan por el río Duero hasta Oporto, donde se elaboran y ensamblan.

 

700 a.C.

Los fenicios fundan un asentamiento en la actual Andalucía y un puerto cerca de Jerez: el Puerto de Santa María. 600 años después, el poeta romano Marcial canta al Ceretanum, precursor del vino de Jerez.

 

100 a.C.

Diodoro Sículo escribe: “La naturaleza avariciosa de muchos comerciantes romanos aprovecha la pasión que siente el galo por el vino; en barcas que siguen la corriente de los ríos navegables, transportan su vino y obtienen increíbles ganancias”.

 

1681

Se inaugura el Canal du Midi, de 240 kilómetros de largo, planificado por Pierre Paul Riquet, que enlaza Sête con Burdeos.

 

1703

Gracias al Tratado de Methuen, Portugal se convierte en el proveedor de vinos preferente en Inglaterra. Los comerciantes ingleses fundan en Oporto numerosas casas comerciales, como Taylors o Graham’s.

 

1724

El irlandés Timothy O’Neale crea la primera auténtica casa comercial de vinos en Jerez.

 

1832

Se inaugura el Canal de Borgoña, que enlaza Dijon con el Yonne, afluente del Sena. Así, por un lado se comunica con París y el Atlántico, y por el otro, a través del Saône, con el Ródano y el Mediterráneo. En los años que siguieron, los vinos de la Borgoña no solo liderarían el comercio con París, sino también harían la competencia a los de Burdeos en el mercado de exportación.

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