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Bodegas Barón de Ley. La viña, base de la innovación

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El ojo del huracán, la calma suspendida que precede a la tormenta. Todos esos topicazos -tan reales y precisos- definen este momento previo a la vendimia. Contemplar la viña en su mayor esplendor desde el mirador de Los Almendros, estrujar un racimo pleno, saborear su madurez, es el primer premio para Gonzalo o Mayte, los responsables de la bodega. El encargado del campo, Churi, nervioso, vigilante, solo sueña ya con que salga de aquí, perfecto, el último racimo.

El panorama es magnífico y sorprendente. De hecho, ni La Rioja ni Navarra trabajan viñas en terraza más allá de este delicioso rincón. La estructura es herencia del pasado de esta finca de 400 hectáreas, que Churi recuerda cómo recorría a caballo hace 30 años sembrada de cereal, almendros, olivos y espárragos.

Barón de Ley la compró en 2002 como confirmación de su filosofía de cuidar la calidad de principio a fin, de elaborar exclusivamente uva propia para seleccionarla con el máximo rigor, para criarla a capricho el tiempo necesario en barrica y en botella. En definitiva, para entregarla transformada en vinos perfectamente acabados. De principio a fin.

 

Un viñedo de capricho

La finca original en torno al Monasterio de Mendavia, la que revolucionó el estilo de vino riojano allá en los años ochenta, se había quedado pequeña, tanto en extensión, por la producción requerida para vinos de guarda, como en variedad de variedades, valga la redundancia. El nuevo siglo y el éxito creciente de la marca y del grupo bodeguero, que ya cotizaba en bolsa, impulsaba un paso más de innovación, de creatividad. De poner en pie los sueños.

Con el asesoramiento de un enólogo con larga experiencia en campo y bodegas de Rioja, como es Gonzalo Rodríguez, plantaron una Garnacha tinta francesa traída del Midi, la mayor viña en Rioja de Tempranillo, hasta 50 hectáreas de la olvidada Maturana -que ahora da un monovarietal pasmoso- y, con la idea de elaborar blancos diferentes, Garnacha Blanca y Viura capaz de envejecer.
Ahora, a finales de septiembre, solo se ha vendimiado la Garnacha que dedican a sus dos versiones de rosado, el preferido de Gonzalo, con tono piel de cebolla, y el de la directora técnica, Mayte Calvo de la Banda, que se ha decantado por un delicado color rosa de Francia. Rosados que empezaron así, como juegos experimentales, y que en poco tiempo se han situado con gran éxito en el mercado.

 

La investigación y el poder

Esos juegos que los técnicos comparten con ingenio y sensualidad y que la directiva apoya sin reservas son los que nutren los primeros depósitos de la nave de elaboración, de 10 a 14.000 litros, donde en cada vendimia reposan 20 elaboraciones diferentes. De ahí ha salido, por ejemplo, el blanco joven de Viura y Verdejo. Y sobre todo el osado Barón de Ley 3 Viñas, un blanco que recupera la tradición riojana de blancos de guarda. Viura, Malvasía y Garnacha Blanca, criadas durante un año en roble y tres en botella, con las frutas vivas pero sin disimular madera y tiempo. Nació de la vendimia 2008, una cosecha ad hoc que metieron en roble americano en memoria de los clásicos. Y ahí está: tras un color antiguo, que hoy asusta, despliega nariz y paladar complejo y largo. Delicioso.

 

La revolución permanente

Ese es el estilo iconoclasta de búsqueda y sorpresa con el que nació Barón de Ley. En Mendavia, en la frontera de Rioja y Navarra, en un impresionante monasterio benedictino de 1.000 metros de planta que en el siglo XVI fue fortaleza fronteriza, con los monjes inauguró bodega y después de la desamortización de Mendizábal y aventuras rocambolescas se trasformó en finca de labor. En 1982 lo adquiere el grupo bodeguero, planta 100 hectáreas de viñedo y hasta 1990 no presenta su primera botella. La expectación y la espera fueron recompensadas. Efectivamente eran vinos revolucionarios, modernos, impecables en su estilo Château.

La actual vuelta de tuerca, su mirada hacia el pasado, también lo es. Como mantener inmutable su vocación de vinos de guarda: “El gran reserva es el espítitu de Rioja”, reconoce Gonzalo.

De ahí que la nave de crianza albergue 15.000 barricas impecables de roble americano y francés. Y en los jaulones reposan más de 4,5 millones de botellas. Para nutrirlos el viñedo se ha diversificado. Ademas de la viña del monasterio -que da fruta y concentración al estilo mediterráneo- y de Los Almendros, en Ausejo, tienen 94 hectáreas de Tempranillo en Rioja Alta, en Cenicero, que crecen envueltas en un clima atlántico y dedicadas sobre todo a grandes reservas. Y 50 para blancos en Carboneras, a 840 metros de altitud. Mimbres para una gama de vinos amplia y caprichosa, los Barón de Ley, el Finca Monasterio y, de nuevo cuño, los cuatro monovarietales y dos reservas, el blanco 3 Viñas y el tinto 7 Viñas. El resultado de un ejemplar trabajo de equipo que busca el disfrute propio y ajeno. Y lo consiguen.

 

Bodegas Barón de Ley
Ctra. Mendavia a Lodosa Km. 5,5
31587 Mendavia (Navarra)
Tel. 948 694 303
www.barondeley.com
Twitter: @BaronDeLeyRioja

 

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